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El nombre de nuestra disciplina es muy claro y deja poco margen al error: marketing automático. Eso es, utilizar las estrategias y las facilidades que nos proporciona poder automatizar las campañas para dar a conocer nuestros productos y, así, llegar a un mayor número de clientes.

Las cosas han cambiado. Y mucho. Seguramente, cuando tenías 16 o 17 años tus preocupaciones eran de lo más triviales, tus objetivos dispersos y tu poder adquisitivo a menudo brillaba por su ausencia. Pero este paradigma, en líneas generales, cada vez está más obsoleto. Entonces, ¿por qué no intentar aprovechar este nicho que el mercado ha abierto?

Una de las ventajas del marketing automático es que nuestra campaña está viva, desde que trazamos los primeros esbozos hasta que nos damos por satisfechos y pulsamos el botón que detiene las acciones. Y es que, a diferencia de los métodos tradicionales con los que debemos mantener la apuesta inicial hasta las últimas consecuencias, el marketing online nos permite adaptar y moldear nuestras acciones en función del retorno que recibamos en cada momento.

A nadie se le ocurriría, por lo menos en su sano juicio, recoger una naranja del árbol cuando aún ni siquiera ha mostrado los primeros síntomas de madurez. En este caso, vemos fácilmente como la excesiva anticipación nos conduce fatalmente a desperdiciar el fruto de meses y meses de trabajo. Y todo por no querer (o saber) esperar solo un poco más...

Nunca estará de más, cuando queramos acercarnos a nuestros clientes potenciales, hacerlo con un rostro de referencia que nos abra las puertas de su hogar. Esta premisa es tan sencilla como lo que nos pasa cuando en una fiesta nos presentan a uno de los invitados de turno: cuanto mejor sea nuestra opinión del conocido que nos lo presente, mayor posibilidades tiene de caernos en gracia.

Mientras lees esto, millones de personas se pasean por el mundo con pantallas y terminales en sus bolsillos. Unos aparatos que podemos elegir que para nosotros sean solamente un complemento más en manos ajenas o, en su lugar, uno de nuestros más poderosos aliados para la futura venta que tenemos en nuestro horizonte.

Hasta ahora hemos visto como desfilaban ante nosotros todo tipo de herramientas y elementos que nos podían ayudar a hacer frente al reto del marketing automático. Sin embargo entre los ríos de datos e información, a menudo se nos pasan por alto las ideas más simples y básicas. Y es que, aunque una vez en marcha pueda dar la impresión de que las campañas las lleva el viento, estas no serían nada sin alguien detrás que les diera forma y, como un director de orquestra, pusiera cada instrumento en su tiempo y lugar preciso.

Los tiempos de jugar las partidas a una sola carta ganadora (por muy certera que fuese) ya pasaron a mejor vida. Por suerte, la experiencia del marketing actual dista enormemente de las campañas masivas y unidireccionales de antaño y esto nos permite acercarnos al lead costumer desde una variedad de canales y fórmulas que, hace tan sólo un par de décadas hubiera parecido sacada de un manual de ciencia ficción. Es lo que llamamos como venda por cross channel, o canales cruzados, en que cada plataforma (página web, aplicaciones, e-mails…) juega un papel propio para una finalidad común: tejer el puente final entre el cliente y el producto.

¿Vestiría igual para la boda de su hermana que para un entreno de fútbol de su hijo? ¿Les regalaría lo mismo a sus suegros que a una amistad de infancia? Probablemente haya contestado 'No' a ambas preguntas, ¿verdad? Pues entonces también hay que tener en cuenta que a la hora de hacer negocios debemos saber cómo, cuándo y con quién nos relacionamos.

En otros posts hemos visto como podíamos hacernos una idea de la personalidad del cliente. En aquel caso era el mismo lead quien se describía por medio de sus acciones: navegar por una u otra página, abrir o no un correo electrónico… Sin embargo, hay otro aspecto que debemos tener muy claro ya que de él dependerá buena parte de nuestra estrategia: eso es, si estamos frente a una B o frente a una C.

Siempre sucede lo mismo. Después de dar unas cuantas vueltas por encima de la ciudad, la cabina se inclina levemente hacia delante y, tras unos meneos, el avión se detiene y el pasaje irrumpe en aplausos. Y en este momento, aún sujeto por el cinturón de seguridad, uno de los pasajeros exclama ‘¡un buen aterrizaje lo es todo!’.

Automatizar y optimizar

Toda campaña de marketing se juega sus resultados en tres letras muy a menudo temidas: ROI. Esas siglas hacen referencia al retorno de la inversión que se ha realizado en promocionar nuestros productos. Es decir, en qué cantidad de ganancias se ha traducido el dinero invertido en publicitar la firma. La lectura que se puede extraer de estos análisis, pues, es muy sencilla: si son satisfactorios, nuestra campaña ha cumplido su función; de lo contrario, debemos tomar nota para evitar repetir los mismos errores en el futuro.

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